•diciembre 15, 2008 • Dejar un comentario

José Mario Ruz Rodríguez

 

“El crimen ferpecto”

 

Agobiado por sus deudas y una prolongada cesantía, gatilló que José Ruz se convirtiera en uno de los sicarios más famosos de los últimos tiempos.  Todo había salido perfecto, pero se equivocó en un detalle: nunca se deshizo de su celular.

En los interrogatorios y en tribunales quedó al descubierto la personalidad de este sujeto: mal genio, depresivo, manipulador, cruel, violento, y calculador. Un verdadero asesino de sangre fría.

 “Me sorprende todo ésto.  El “pelao” como le decimos aquí es muy trabajador, mal genio y difícil cuando se siente frustrado, pero cuando menos te lo esperas muestra su sentido del humor, cuenta chistes y entretiene a la gente”, cuenta Pilar una de las chicas del café con piernas “Kurnykova”, donde José Ruz es copropietario con Marco Silva Ruz, primo de éste y un verdadero “padrino” de este rubro.

“Es increíble lo que te pueden llegar a hacer las deudas, se debe haber sentido muy angustiado para llegar a hacer algo así.  Si el ´”pelao” era una buena persona”, dice Pilar.

Pero Ruz está muy lejos de ser una persona buena.

 

El “padrino” de los café con piernas

El primo de José Ruz, Marcos Eugenio Silva Ruz, es un verdadero “padrino” de este rubro, con una cadena de cafés que tiene en el centro de Santiago.            Según datos que aparecen en registros públicos, Silva Ruz es el propietario de los conocidos Ikabarú, Licenciada, Kuurnykova, Ika Online, y varios otros más. Cada uno de ellos mantiene diversos locales atendidos por unas 90 mujeres.  Les paga cirugías plásticas, spa y les entrega departamentos para que vivan.

Punto clave en el macabro asesinato a Schmidt-Hebbel fue el café con piernas llamado “Kurnykova”, ubicado en San Antonio 273, lugar en que José Ruz conoció a María del Pilar Pérez López y donde finalmente fue capturado 12 horas después de ocurrido el crimen por la policía civil.  ¿Dónde se originó el arranque homicida de Ruz?  Todo se inició en 2006, cuando José Mario Ruz Rodríguez recibe una oportunidad inmejorable de trabajo:  ser copropietario de un par de cafés con piernas.

“Pili”, como la guardaba en su directorio telefónico Ruz, en su calidad de arquitecta, conoció a Silva Ruz y se adjudicó el diseño y planificación de cada uno de sus cafés. Ella fue la que diseñó los espacios, dirigió las obras, incluyendo al mismo Ruz Rodríguez, que también figuraba dentro de los obreros que hacían los arreglos.  Fue ahí donde se conocieron y comenzó esta escabrosa historia llena de maldad, venganza y codicia.

 

Deudas  y un sicario

Ruz es un hombre casado y con dos hijos.  Sufre de depresión endógena, es un tipo más bien fornido y de baja estatura, aunque tiene 44 años, parece una persona ya bien entrada en los cincuenta, pelado, de ojos cafés.  Con facciones de color cobrizo claro y gruesas como piezas primitivas de cerámica:  tiene ojos sumidos bajo espesas cejas sumados a un mentón y mandíbula macizos.  De manos toscas y gruesas, parece gozar de una memoria fotográfica que “le ayuda a recordar a la gente que ha visto tan solo una vez, se acuerda del nombre y los detalles personales que le hayan mencionado.  Siempre se acordaba de todas las niñas que han trabajado acá”, recuerda Pilar, mientras se fuma un cigarro apoyada en el mesón redondo del café “Kurnykova”.

Agobiado por las deudas que contrajo luego de comprar dos o tres camiones para fletar cobre, se vio afectado por la disminución del precio del metal rojo y porque se encontraba cesante, ante la imposibilidad de pagar sus deudas y su precaria situación económica, se convirtió en el sicario de María del Pilar Pérez.

El fiscal Carlos Gajardo, lo describe como una persona “con comportamientos sicópatas, agresivo, depresivo y tremendamente cruel.  Además de esto, anteriormente el sujeto había sido formalizado por robo con homicidio, por lo que no estamos hablando de una persona que no haya sabido en lo que se estaba metiendo.  Se ve en él una persona manipuladora, calculadora y con un rasgo característico de un sicario: su sangre fría”.

Los sicarios o asesinos a sueldo, son personas que matan por encargo a cambio de un precio. Su manera de actuar difiere mucho de otros asesinos. Dependiendo de la situación, tienen que plantear un escenario adecuado al de la víctima.

“Existen 3 características de en la forma de proceder de un sicario: en público, limpio o disfrazado.  Ruz actuó bajo dos de estas formas, en público, en el caso de Schmidt-Habbel , a pesar de que él no era el objetivo, lo hizo parecer un asalto ya que después de dispararle a Diego, registra sus bolsillos y sale corriendo de la escena del crimen.  La otra forma que usó fue la de un asesinato limpio, eliminando solamente al objetivo, sin testigos, rápido y sin rodeos, que fue lo que sucedió en el doble homicidio de la calle Infante”, explica Gilberto Loch, Prefecto PDI y Jefe Nacional de la Brigada de Homicidios.

Figura penal

Al cometer un crimen, los sicarios casi siempre tratan de demostrar que no es por venganza o encargo sobre la víctima. Para eso intentan que el asesinato parezca robo. La explicación es lógica. El Código Penal contempla una pena de cinco años y un día para alguien que comete un homicidio simple. En cambio, en un homicidio calificado, que es cuando existe premeditación, alevosía o una promesa de remuneración o premio de por medio, la pena parte de 10 años y un día hacia delante. Hay que consignar que la ley chilena contempla que si en un crimen existe un premio o promesa remuneratoria, tanto el ejecutor como el mentor reciben penas iguales.

 

 

 

La policía dice no tener registros de asesinos a sueldo.  Con los sistemas que existen hoy es posible acceder a información de delincuentes por especialidad como lanzas, asaltantes, etc.  La razón de que no exista es que reconocen que el fenómeno del asesinato por encargo no es un fenómeno común en nuestro país, y la historia reciente pareciera dar la razón, porque sólo se recuerda unos algunos casos. “Los sicarios trabajan solos.  Aquellos que ocupan de sus servicios sólo los llaman para darles un blanco a eliminar y siempre usan un lenguaje críptico para evitar que alguien ajeno a la conversación los entienda.  También distan mucho de la glamorosa realidad que a veces se pintan en las películas.  Algunos se confiesan creyentes; otros, hombres de familia, y casi ninguno acepta su verdadera profesión de asesino.  Pero hay algo en lo que todos coinciden: una innata sangre fría”, agrega.

 

 

 

Innata sangre fría

Mexicanas, deudas de drogas y peleas por territorios. Según autoridades, así ocurren los únicos crímenes por encargo en Chile.  Lejos de que el fenómeno alcance la magnitud de países como México y Colombia, la droga es el verdadero móvil tras un asesinato a sangre fría.  Los otros casos son movilizados por los más primitivos de los sentimientos: amor y odio.  En Chile, los sicarios irrumpieron con fuerza a principios de los ’90.  “Antes, las bandas de narcos tenían una suerte de amistad entre ellas.  Por eso no existían tantas escenas de sangre, ni eran necesario los sicarios”, cuenta  Gilberto Loch.  En sus palabras, la violencia, vendettas y otras acepciones, como encargos o mexicanas, surgieron con la nueva generación de narcotraficantes.

El prefecto coincide en que los crímenes por encargo más conocidos se dan entre las bandas de narcotraficantes y los que quedan fuera de este orden tienen móviles como el odio, la venganza y el amor mencionados anteriormente.

Para Loch, un buen ejemplo de crimen por encargo movido por celos fue el caso de Gerardo Rocha, donde su odio lo llevó a participar del crimen.  “A pesar de ésto, los sicarios son una actividad delictiva poco frecuente, que está muy lejos de llegar a la habitualidad, pero que siempre sorprenden por la frialdad en que son realizados los asesinatos”, concluye.

Una de las características de la personalidad de Ruz, y que se vio reflejada en los crímenes perpetrados, fue la frialdad, la crueldad y la sangre fría con la que cometió los asesinatos.

Fue así como José Ruz se contactó con dos armeros que le vendieron una pistola y un silenciador y el 23 de abril se dirigió al domicilio de Zamorano y Arévalo y se hizo pasar por un cliente del primero que iba a buscar unos planos.  Fue Arévalo quien le abrió la puerta. Ruz ingresó con un gorro en la cabeza y guantes de cuero en sus manos, para no dejar evidencias.  Con la pistola Walter calibre 7.65 tipo Browning en sus manos intimidó a las víctimas, los hizo recostarse bocabajo en el suelo y los ejecutó. Luego escapó en su vehículo Kía Pride Pop rojo -el mismo que usó para el crimen del economista- y tiró el arma al Mapocho. Los días posteriores Pilar Pérez le pagó casi cuatro millones de pesos.

El fiscal Vinko Fodich dijo a La Cuarta que el asesino a sueldo actuó con alevosía, sangre fría, premeditación y también con la agravante de la “promesa de pago remuneratorio”.

 

El error que le costó caro

Queda de manifiesto con los hechos ocurridos los rasgos de la personalidad de este pistolero: ser una persona extremadamente calculadora, inteligente, que gozaba de una gran memoria fotográfica y de una innata sangre fría.

Ruz había cometido el crimen perfecto y María del Pilar Pérez estaba contenta con el desempeño de su sicario luego de matar al ex marido de ésta junto a su pareja, en la intimidad del piso que ocupaban en Providencia.

Pero como solo puede ocurrir en libros y películas hollywoodenses, el sicario cometió un primer y gravísimo error: conservar el teléfono celular que la mujer le había proporcionado en diciembre del 2007 para mantenerse comunicados.  Su segunda equivocación fue no deshacerse de una de las dos pistolas que usó en los homicidios.

Cuando Ruz fue detenido el 5 de noviembre, horas después de que ultimara a Diego Schmidt-Hebbel en su intento por asesinar a Agustín Molina -el segundo “encargo” de Pérez-, “aún conservaba ambas evidencias, las cuales terminaron por hacerlo confesar su autoría material en los crímenes”, explica Carlos Gajardo

Hasta entonces, el doble homicidio de Zamorano y Arévalo, perpetrado el 23 de abril, estaba impune y la fiscalía había formalizado sin convicción a Claudio Soza, el dueño de la casa donde vivía la pareja asesinada.  Cansado del interrogatorio, Soza se inculpó. Un mail anónimo acusó a María del Pilar Pérez de la autoría en el crimen de la pareja homosexual.  Aunque la fiscalía la interrogó, no encontró pruebas en su contra.  No había motivaciones, estaba separada de Zamorano desde hace 15 años, no tenían bienes en común y no había conflicto entre ellos.  Así logró ocultar su despecho, transformado en odio contra el padre de sus dos hijos.

Pero la revisión de los números digitados por Ruz reveló la participación de un armero de La Florida, comuna en la que vivía.  “Éste confesó haber fabricado un segundo cañón a la pistola calibre 6.35 de propiedad de Ruz, el cual utilizó para disparar contra Schmidt-Hebbel y después lo arrojó a un tarro de basura.  Luego repuso el cañón original del arma para intentar probar que nunca disparó”, dice Fodich.  Con esa maniobra, Ruz intentó encubrir su acción criminal.  No contaba con la resistencia de Diego, quien permitió que fuese reconocido por su novia María Belén Molina, por el propio Agustín Molina y por otros tres testigos que lo vieron escapar.

Fue el momento en que la fiscalía pidió al tribunal ampliar el plazo de investigación y ordenó extender el peritaje telefónico que se estaba realizando. La investigación reveló que en diciembre de 2007 María del Pilar Pérez le entregó un teléfono celular a Ruz para que ambos mantuvieran comunicación secreta.

El abogado del sicario, Gonzalo Castro, aseguró que “él nunca tuvo la intención de matar.  Además señaló que fue presionado para declarar lo que declaró.  De que hay hechos ciertos, eso no lo desmiente, es la verdad, pero también tiene una visión distinta que podría cambiar la calificación jurídica de los hechos”, explica Castro.

Visión distinta o no, estamos frente a un asesino despiadado, calculador, inteligente y sumamente mentalizado en lo que tenía que hacer: matar por encargo.

El caso de José Ruz ya remeció las tranquilas aguas de la ingenua sociedad chilena que hasta hace algunos meses pensaba que este tipo de crímenes por odio, venganza y herencias sólo se veían en películas o en poblaciones, pero que hayan matado al hijo de un exitoso economista, el cual se codeaba con las grandes autoridades, fue un disparo directo al inconciente de la gente, para que despierten y se den cuenta la desvalorización que esta teniendo la vida.  Si el año pasado fue el año que asaltaban y mataban carabineros y el anterior fue el de los alunizajes con los autos entrando a las tiendas. ¿Será este año que ya termina el que nos trae ni más ni menos a los famosos, fríos, despiadados y crueles sicarios?

 

 

FUENTES

 

Gonzalo Castro

Pilar

Carlos Gajardo

Gilberto Loch

Vinko Fodich

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Bajo la picota inmobiliaria

•noviembre 8, 2008 • Dejar un comentario

Crisis urbana

 

Bajo la picota inmobiliaria

 

Tras la imposición por parte del Alcalde Pedro Sabat, de políticas urbanas que sólo favorecen al mercado de la construcción, es que hace unos meses vecinos de Plaza Ñuñoa comenzaron a dar la pelea por el excesivo boom inmobiliario que ha traído problemas como congestión vehicular, colapso de las redes de servicios, la destrucción del patrimonio arquitectónico del barrio y todo lo que eso conlleva: la pérdida de identidad y de la calidad de vida.

 

         

La Plaza Ñuñoa, como pocas, había conseguido hasta ahora articular un tipo de desarrollo urbano manteniendo espacios de encuentro barrial, como son la plaza 23 de abril, entre Simón Bolívar e Irarrázabal y la misma Plaza Ñuñoa.

El diseño urbano se consolidó con modernos esquemas en el perfil de sus calles y plazas repletas de árboles.  El barrio era un concepto real, donde los vecinos se conocían, se ayudaban, se visitaban y, lo más importante, se reconocían en los espacios públicos. Existen formas de relacionarse entre los vecinos que intensificaron la convivencia en el barrio, con rejas transparentes y muros bajos que no tapan el interior, con los típicos almacenes de esquina, donde se produce una interacción de personas que conversan, comparten y lo fundamental, se conocen.  “Eso se está acabando”, explica Gloria Sancha, vecina de Plaza Ñuñoa y que paradójicamente ahora vive en el edificio ubicado en Simón Bolívar con Elicer Parada.  “Salía a caminar, disfrutaba de la sombra de los árboles en la placita, miraba la diversidad de estilos de las distintas casas, era ver un Santiago mucho más antiguo, pero todo eso se está acabando.  Ahora, si no fuera por una inmobiliaria que compró las tres casas de la esquina, no estaría viviendo en un edificio”, comenta entre risas.

 

 

 

Borrando la historia

 

Hace unos meses los vecinos de Ñuñoa comenzaron a dar la pelea por el boom inmobiliario que se ha dado en la comuna, donde el año pasado se aprobaron 45 permisos de edificación para torres residenciales, de las cuales 35 superan los diez pisos.  Una de sus principales voceras, la arquitecta Verónica Adrián, afirma en un comunicado que: “Estamos asistiendo a una verdadera masacre urbana, gran parte del patrimonio urbano arquitectónico se está perdiendo, con un Plan Regulador absolutamente permisivo, pues promueve la liberalización de alturas de edificación en la mayor parte de los sectores históricos de la comuna como la Plaza Ñuñoa”.

No obstante, no sólo se alega que se está alterando la vida del barrio, o que se está destruyendo el patrimonio arquitectónico, yendo más lejos aún, los niveles de asoleamiento y de áreas verdes están disminuyendo producto de la altura de las torres, las zonas destinadas a estacionamientos no permiten que crezcan árboles, sino que además, se está perdiendo algo esencial, que es la calidad de vida de las personas.

Esto lo explica Juan Carlos Donghi, Arquitecto y Urbanista de la Universidad Central, “son muchas las cosas que se pierden con este tipo de construcciones en altura, la historia, la memoria del barrio, la confianza, la cotidaneidad, se llena de desconocidos, la vida comienza a ser hacia adentro, producto que cada edificio tiene su propio mundo y finalmente lo que se pierde es la vida de barrio.  Y claro que se pierde la calidad de vida. Existen corrientes de vientos más fuertes, lo que hace variar el clima, la gente tiene menos luminosidad por los conos de luz que se producen con los edificios y en invierno es peor ya que el sol pega de lado 30°.  Esto produce que todo sea más oscuro, que no se pueda secar la ropa, se pierde visibilidad, se está más propenso a enfermarse, básicamente se pierde la paz que te puede dar el patio de tu casa lo que lleva a que disminuya la calidad de vida de las personas”, explica.

Con todo el tema de la explosión inmobiliaria se están generando nuevos problemas, como es la congestión vehicular en Jorge Washington, que por lo demás siempre tiene un tránsito vehicular alto por lo que Plaza Ñuñoa significa en cuanto a pubs y restorán, se colapsan las redes de servicio, se podrían llegar a producir inundaciones por la saturación del alcantarillado y disminuye el nivel de asoleamiento producto de los edificios. “Lo que está sucediendo acá es poco cuidadoso y se está matando un barrio, en su arquitectura y en su convivencia, a favor del negocio privado y en desmedro de la calidad de vida de los ñuñoínos”, dice Leopoldo Courbis, arquitecto y paisajista de la Universidad de Chile y vecino de Plaza Ñuñoa.  “Se ha producido un aumento desmedido de edificios faltos de una propuesta arquitectónica y urbana congruente con el barrio y que recoja la identidad de Plaza Ñuñoa.  Se está construyendo sin ningún enfoque articulado y explícito de cómo debería ser el barrio, lo que revela la poca visión de progreso que tiene la Municipalidad”.

Esta es una realidad, que no se ve inmediatamente, sino que sus efectos se sienten luego, cuando ya es muy tarde y es prácticamente imposible revertirlos.

“Al barrio y a la ciudad en general no se la considera un ser vivo, no se le dan los cuidados que correspondería tener. Uno debería cuidar el barrio como a un hijo, velando para que crezca y permanezca bien, cuidando su armonía e intentando mantener la convivencia que es lo fundamental de la vida de barrio.  El carácter económico es inmediato, pero las ciudades y los barrios son permanentes, y está en nosotros no dejar que la memoria del barrio se borre”, reflexiona Juan Carlos.

 

Años luz

 

Los vecinos sueñan con conservar el barrio que conocían, con espacios públicos que inciten a los vecinos a relacionarse, donde los edificios más que entidades que se suman al barrio, se integren a la vida de las personas, con veredas asoleadas y patios frescos, y principalmente donde la confianza y la cotidianeidad permanezcan inmutables.

Chile como un país que siempre copia modelos externos de desarrollo, podría repetir ejemplos de planes reguladores extranjeros como el israelita.  En Tel Aviv, mediante un sistema computacional se planteaba al detalle cuáles debían ser las alturas y rasantes para asegurar a cada edificio, plaza y calle sus derechos de asoleamiento y vista.  “Pero estamos a años luz de eso. Santiago, más grande en extensión que Buenos Aires y Sao Paulo y con menor población, debe ser la única ciudad en el mundo que tiene este problema.  En ninguna otra parte he visto que se construyan edificios pareados sin pensar más profundamente en el urbanismo y el impacto ambiental y vial que ésto conlleva”, analiza Leopoldo.

Una solución a este problema urbano la daba en su sitio web Danae Mlynarz, ex candidata a alcalde por Ñuñoa.  “Lo que debe hacer la autoridad municipal es promover el cambio de las normas de constructibilidad de la comuna.  No es cosa de decir que se prohíba construir.  No se trata de impedir que la gente venda sus casas si quiere. Debemos generar normas, consensuadas, en virtud de las cuales lo que se construya en la comuna respete el estilo de vida tradicional de Ñuñoa e incorpore a todos los habitantes de todos los sectores de la comuna, los antiguos y los nuevos vecinos, aquellos que viven justo en la comuna del lado y a los que quieren mudarse, hoy y también en 20 o 30 años más.  Queremos una comuna realmente sustentable en términos sociales, económicos y culturales, que se proyecte en el tiempo a las próximas generaciones.  No queremos ser una factoría de la que se extrae riqueza hasta que se acaba”.

Y tiene razón. No se trata de frenar las dinámicas urbanas.  Sólo se trata de proponer una nueva ética de la construcción.  En barrios consolidados lo primero que se debe intentar es la rehabilitación arquitectónica, que significa poner en valor algo que se había deteriorado o adaptar el patrimonio a las necesidades del mercado.  Si ello no es posible, hay que pasar a la renovación urbana, “dinamitarlo todo y empezar de cero”, como dice entre risas Juan Carlos.

No estamos hablando de cualquier renovación: ésta al menos debe conservar los elementos de la memoria visual del barrio, como podría ser el ya mencionado caso de la la fachada continua o el uso del interior de las manzanas en el caso del centro de Santiago.

Plaza Ñuñoa está sufriendo los embates de la industria inmobiliaria que maximiza utilidades a costa de la apropiación privada, por parte de las empresas constructoras, de un bien público:  la calidad de vida de los vecinos de Plaza Ñuñoa.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuentes

 

¡Vota por mí!

•octubre 22, 2008 • Dejar un comentario

Elecciones municipales 08

 

¡Vota por mí!

 

 

Desde el 26 de septiembre que Ñuñoa está llena de propaganda política y lo primero que se puede notar en esta, es la ausencia de logos de los partidos políticos al los cuales los candidatos representan, mostrando un gran anonimato político. Es la realidad de unas elecciones municipales atípicas, un fenómeno que demuestra la gran desvalorización de la política chilena. Pero la suerte está echada y el 26 de octubre se celebraran victorias o se justificaran derrotas.

 

            Dentro de una semana Ñuñoa vivirá una nueva elección municipal y resulta casi imposible no pensar en otra cosa. Calles plagadas de propaganda política; en las veredas de Plaza Ñuñoa, en los cables del tendido eléctrico, pasando por la misma calle, como sucede con la propaganda de Danae Mlynarz, que con una caravana de bicicletas recorren las calles con sus pancartas, pudiendo provocar accidentes ya que los automovilistas se desconcentran por ver a estos ciclistas que pasan por su lado.

Brotan de la nada. Un día está lleno de carteles de Pedro Sabat. Al otro, todos rajados y los comandos pidiendo explicaciones de por qué la gente se dedica a romper la propaganda, cuando todo el mundo sabe que son los mismos comandos los que por las noches rajan los carteles de los adversarios y luego se lavan las manos. Y en verdad resulta impresionante ver la cantidad de carteles rotos “que ojalá rajaran en la parte de los nombres para que después nadie se acuerde de ellos”, comenta Segundo Torres, locatario de un pub en Plaza Ñuñoa y que ha vivido en carne propia la transformación que a sufrido la plaza producto de las campañas electorales. “Un día llego y loco no te miento, miles de carteles en las veredas, es que se pasó. Horrible, aparte que nadie los conoce”, dice entre risas.

Desde el 26 de septiembre pasado, la ley autorizó a los candidatos a promocionarse en las calles y medios de comunicación. Pero hay algo que llama mucho la atención y que se ha convertido en tema obligado de estas municipales. El hecho de que la gran mayoría de la propaganda electoral, no sólo en Ñuñoa, sino de Santiago en general, es la falta de los íconos tradicionales de los partidos políticos.

 

¿Y estos quiénes son?

 

Las presentes elecciones municipales dejaron al descubierto un fenómeno de marketing político que refleja una desvalorización democrática, producto de que gran parte de la propaganda de los candidatos puesta en las calles de Santiago y Ñuñoa no cuentan con los logos de los partidos políticos a los cuales representan. Sebastián Goldsack, director de la escuela de publicidad de la Universidad del Pacífico dijo a Las Ultimas Noticias que es una campaña política muy atípica para Chile, además de que “hay un escaso apadrinamiento  de líderes nacionales a los candidatos y prima la imagen por sobre el discurso ideológico. En muchos casos, más que idearios o promesas, solamente está la foto de una persona que dice que quiere ser alcalde o concejal y punto”.

Opinión similar tiene Alejandro Benavente, publicista y que el año 2001 trabajó para la postulación a diputado de Juan Díaz de Valdéz. “Me llamó mucho la atención que estas elecciones no tienen peso político, no hay una congruencia entre los candidatos y el partido al que representan. Antes funcionaba mucho el eslogan que tuviera el partido y el cual todos los candidatos apoyaban. Por ejemplo, en la época de Lavín donde estaba todo el eslogan del cambio, Díaz de Valdez tenía un eslogan que decía: Díaz de cambio. Existía un juego de palabras, más el eslogan que todo el partido estaba usando que era el del cambio. Ahora sólo está el nombre del candidato, la cara, un voto por mí y nada más. Cero congruencia política”, analiza.

Al recorrer las veredas de Plaza Ñuñoa y preguntarle a los transeúntes por los candidatos municipales y sobre por quienes iban a votar, las opiniones fueron variadas, pero todos llegaron a la conclusión de que no conocían a los candidatos y menos a que partido representaban. Extraño en unas elecciones donde lo principal para votar es estar informados, “pero claramente nadie sabe quíenes son ni a qué partido pertenecen. Esta desinformación es responsabilidad única y exclusivamente de los candidatos”, explica Leornardo Salinas, politólogo y representante de la comunal del Partido Socialista en Ñuñoa. “Todo lo que se peleó por recuperar la democracia y que ahora nadie se quiere representar con un partido. O son todos independientes o les da vergüenza decir a qué partido pertenecen. Me parece insólito”, remata.

Una encuesta realizada por la multinacional YouGov en alianza con la fundación País Digital y difundida el día jueves nueve de octubre por el diario El Mercurio, reveló que sólo un 13% del electorado piensa que la filiación política es un factor influyente a la hora de decidir su voto lo que en otras palabras le daría la razón a los postulantes que no ponen el logo de su partido. Frente a estó, Gustavo Alessandri, ex diputado de RN y precandidato a alcalde por La Florida piensa lo contrario. “Es un error garrafal no poner en la propaganda política en logo del partido y es algo que la Alianza no ha sabido aprovechar. Lo únicos beneficiados con ésto son los partidos chicos. Además, no poner a qué partido perteneces como si te diera miedo, lo único que hace es darle la razón a la gente de que la política está demasiado contaminada. Las municipales se caracterizan siempre porque la imagen prima por sobre el partido político o las ideas de éstos y seamos francos, nadie las conoce, porque encuentro que las campañas electorales cada vez las hacen peor, creyendo que la gente es estúpida y que con sonrisas prefabricadas y propuestas populistas van a ganar, pero al momento de las votaciones, la gente independientemente si le gusta éste o el otro, igual vota por su partido. Si es así la cosa”, explica.

 

 

Si en algo tiene razón Alessandri es en el pesimismo y desinterés que tienen los votantes frente a la política y a los candidatos, como muestra el estudio. Un 70% de los que están inscritos en los registros electorales tiene decidido su voto, el 52% de los encuestados reconoció no estar al tanto de las propuestas de los candidatos, ya que la mayoría cree que no están sintonizados con los problemas que preocupan a la ciudadanía e incluso que el futuro edil no resolverá los principales conflictos de la comuna.

 

Otro punto que reveló la encuesta es que el electorado efectivamente sí conoce a quiénes postulan a los respectivos sillones municipales, ya que el 71% es capaz de recordar tres o más nombres de los candidatos que van por su comuna. Una situación diametralmente opuesta enfrentan los concejales, pues el 39% de los encuestados admitió que “sólo ubica a uno o ninguno”. Con ésto se puede inferir que la mayoría de las personas conoce a los candidatos, pero no sus propuestas, por lo que su voto se basa en aspectos muy básicos y concretos, como la imagen de los postulantes y no en la ideología política.

Frente a esto existen opiniones divididas. Para Leonardo en muchos casos si se cumple así,”pero no hay que olvidar que la ideología mas que una imagen, es una proyección, una percepción sobre el proyecto y los pasos a seguir”. En el caso de Alejandro efectivamente las elecciones municipales sólo se basan en la imagen “y en el que tiene más plata para candidatearse. Como no existe ninguna regulación respecto al número de propaganda que se puede hacer, simplemente gana el que tiene más plata y más carteles. Así lo veo yo”

Internet el nuevo escenario

Aunque las calles igualmente están llenas de propaganda política, no se ve tanto como otros años. Esto es producto de que a la gente no le gusta que le ensucien las calles, además de que se están desarrollando nuevos medios como son paginas de Internet, en el caso de Sabat que el mismo diseño su pagina, Fotolog y Facebook, el cual varios candidatos tienen para promocionarse. Pero para Alejandro Benavente, publicista, esto no tiene ningún sentido. “Aunque los carteles sean una forma mas antigua e indirecta de hacer propaganda, es lo que la gente ve. Lo masivo es lo que vende y si a la gente no le interesan las elecciones municipales, para que se va a meter a Internet a ver los candidatos. La pancarta y el panfleto siempre van a ser propaganda de primer orden”, analiza.

 

A vista y paciencia de todos

 

Con todo el fenómeno del marketeo  político sin logos, se ha abierto campo a una nueva y amplia desinformación, de lo que se puede desprender que: ningún candidato a alcalde o concejal de los pactos oficialistas y aliancistas parece ser militante de algún partido. “Usar la palabra engaño es muy fuerte, pero si se puede decir que da para confusión del electorado”, dice Gustavo.

Confusión o no, la verdad es que es un engaño para la ciudadanía no saber a que partido pertenecen los candidatos municipales, más aún en un país que se jacta de estar pronto a debutar con la ley de transparencia administrativa, pero que al mismo tiempo avala en silencio el doble juego de los postulantes que ocultan el atributo principal por el que  se atribuyen la condición de tal: ser parte de la clase política como militantes activos o bien independientes patrocinados por los distintos partidos políticos legalmente inscritos en Chile. Una explicación a este fenómeno la tiene Leonardo Salinas. “En el caso de Ñuñoa, estamos hablando de una masa votante de clase media y clase media alta que tiende a favorecer candidatos y candidatas que parezcan de centro. Así, para Danae Mlynarz, por poner un ejemplo atingente, ser percibida como socialista no le favorecería en términos de votación. Ella cuenta con un volumen de votos seguro -izquierda, centro-izquierda- pero debe apostar a captar voto blando de centro y centro derecha. No hay que olvidar que hay otros factores importantes que sobrepasan los límites de Ñuñoa. Estoy hablando de una tendencia a la desideologización y a la votación según imagen y capacidades percibidas de gestión.”

Como este engaño de propaganda política existen otros. ¿Se han preguntado alguna vez por qué no existe la línea 3 del Metro? Para esto existen varias explicaciones. Una, y al parecer la más cierta, es que esa línea estaba trazada en los años 80’ para cruzar avenida Irarrázabal, pero el terremoto del 85’ obligó a destinar ese dinero para la reconstrucción del país. Sabat, en su intento por la reelección y al parecer no bastándole la cantidad de pancartas que puso en Plaza Ñuñoa, se hace propaganda con la plata del municipio para poner en los paraderos de micro carteles donde “La comuna se la juega” por un “Metro para Ñuñoa”, nadie sabe si pecando de ignorante o no, que eso no depende ni del municipio ni del alcalde, sino que del Ministerio de Obras Publicas.

 

Puras preguntas sin respuestas

 

Después de haber analizado las presentes elecciones municipales, en vez de respuestas sólo nos quedan mas preguntas. ¿Por qué los candidatos esconden su militancia? ¿Por qué eligieron esta estrategia de desinformación? ¿Por relajo ideológico o porque la democracia municipal es vista como la de menor rango e incidencia en el poder real?. ¿Esta campaña es realmente un engaño? ¿La política se encuentra en las calles? En el caso de no ser así, ¿Por qué ensuciar las calles con pancartas y panfletos? ¿En estas elecciones hay un discurso político congruente? A esto responde Leonardo. “Hace mucho tiempo que no hay un discurso político sólido que convoque. Hay muchos candidatos que buscan desmarcarse y ahí podemos ver una disminución de fotos de los candidatos municipales junto a destacados líderes partidarios. Se sigue acá la corriente ciudadana de desmarcarse de los partidos, de desacreditarlos como fuente de autoridad y legitimidad con lo que se pierde la congruencia política”.

No es de extrañar que los jóvenes se sigan automarginando de las elecciones políticas frente a la desinformación y poco interés que demuestran los candidatos por representar a sus partidos. Es la realidad de unas elecciones municipales atípicas, un fenómeno que demuestra la gran desvalorización de la política chilena. Pero la suerte está echada y el 26 de octubre se celebraran victorias o se justificaran derrotas.

 

 Fuentes

 

·        Alejandro Benavente – 4752735

·        Leonardo Salinas – 92571559

·        Gustavo Alesandri – 92199024

·        Segundo Torres – 94209816

·        El Mercurio (Datos encuesta YouGov)

·        Las Ultimas Noticias (Cita Sebastián Goldsack)

•octubre 11, 2008 • Dejar un comentario

El juglar de la bohemia

 

Segundo Torres nos habla de todo: la vida y la muerte, carrete, drogas, jazz y sobre las pruebas que ha tenido que enfrentar en la vida.  Cuando casi lo mataron de 2 puñaladas en la espalda y la muerte de su esposa.

A pesar de todo dice ser un hombre lleno de vida.  Y se le nota.  Sólo hacen falta cigarros, cervezas y buena música para que este cuentero por excelencia comience la historia.

        

 

            Sentados en el Pub de la Plaza en una mesa redonda, rodeado de viejas fotografías enmarcadas y un suave jazz, Segundo Torres habla sin parar de su vida. A las pocas palabras, uno puede ver de qué tipo de persona se trata. De esos que siempre endulzan los relatos con mil y un detalles. Que alargan las historias hasta parecer casi interminables. Si no sabe algo, lo inventa. Lo importante es mantener entretenido al auditor y si es que se puede, sacarle una sonrisa.

 

Hiperkinético hasta la médula, sentados conversando, fuma o toma, juega con una moneda de cien pesos entre sus dedos o mueve las piernas incansablemente, da órdenes o toma pedidos. Siempre tiene que estar haciendo algo.

 

En sus ojos se ve una paz nostálgica, de los que luego de una tragedia han vuelto a comenzar de cero. Segundo es un hombre atractivo, pero hay algo aún más atractivo en él que se encuentra en su forma de ser: un tipo liviano de sangre, ameno, sin poses ni máscaras, amante de la bohemia y la música. Un hombre que transmite vibraciones positivas y que siempre tiene una sonrisa en su cara a pesar de la muerte de su esposa 6 años atrás.

 

Estocadas

 

            Desde hace 27 años que Segundo no ha cambiado nada.  De ese niño que apenas sobrepasaba la mayoría de edad en Osorno, al administrador de este pub en la Plaza Ñuñoa. Elocuente como pocos cuenta que de joven su vida eran las fiestas, los amigos y las mujeres. “A los 18 ya era bastante maduro. Me gustaba relacionarme con gente mayor. Todos los fines de semana tomaba y madrugaba con mis amigos en busca de mujeres, “y no nos iba nada de mal”, dice Segundo entre risas.

Cuando todo se vuelve una rutina, se aburre.  El carrete ya no era lo mismo, quizás porque ya nada le llamaba la atención en Osorno o simplemente porque él tenía expectativas mayores de lo que podía ser una noche de juerga.  Un día todo eso cambió.  En una fiesta Segundo conoció a Claudia y desde ese momento no se separaron más.  Esa muchacha despertó esa alegría que estaba perdiendo Segundo, esa chispa, el ego interno con el que recuperó su esencia.  “En unos pocos meses me enamoré y, obvio, la enamoré”, cuenta orgulloso.

 

Osorno no era lo que esperaban, ni menos lo que necesitaban.  Hicieron un bolso, juntaron las pocas pertenencias que tenían y se fueron a buscar suerte a Santiago, perdiéndole todo rastro a su familia.  Ninguno de los dos tuvo nunca una relación muy cercana con sus familias por lo que no les fue difícil tomar la decisión de migrar.  Lo importante era que se tenían el uno al otro.  Borraron sus huellas, como lluvias que sólo caen en el sur pueden haber borrado el rastro de su historia y nunca más regresaron.

 

Trabajaron de garzones en muchos lugares.  Al principio no fue nada de fácil.  Luego, llegaría Jonathan, su primer y único hijo, con lo que se les complicaría más la existencia.  Segundo hablaba de la madurez que ya tenía a los diechiocho años y de la gente con la que se codeaba producto del don de la palabra que poseía, como dice el Gato, vendedor de libros en la Plaza Ñuñoa y que conoce a Torres desde que se instaló con su pub.  “Habla bonito mi compadre, aunque no le metai mucha conversa porque te va a tener dos horas pegado hablándote”, cuenta entre risas.

 

El problema es que se quedó estancado en esa supuesta madurez que tenía a los dieciocho y a los treinta años, seguía actuando de la misma forma.  Viviendo el día a día y con la noche siempre en mente, este noctámbulo no lograba sentar cabeza hasta que un día todo cambió.

 

Una noche de juerga por Santiago terminó en el Hospital Sotero del Río, con Segundo herido de 2 estocadas en la espalda.  En una pelea, de las tantas que se producen por los excesos de la noche, Torres quedó herido de gravedad y estuvo a punto de desangrarse en el piso si no fuera por un taxista, que vio toda la pelea y se lo llevó al hospital.  “Si no fuera por él, esa no la cuento dos veces”, relata Segundo.

 

 

Este hecho le hizo tomar conciencia de que ya no podía andar por la vida como lo hacia en su juventud, que ya tenía más de treinta años y tenía responsabilidades, su mujer e hijo, por lo que no podía darse el lujo de morir, ya que los dejaría prácticamente en la calle.  Finalmente sentó cabeza, pidió un préstamo y con un poco de plata que tenían ahorrada, arrendaron un pub en la Plaza Ñuñoa hace doce años.  Todo parecía en calma hasta que siete años atrás a su esposa le diagnosticaron un cáncer terminal, con pronóstico de un año de vida.

 

Metástasis

 

Cuando por fin Segundo tenía su vida más o menos estable, nuevamente perdió el control: ya no era él quien ponía las condiciones, sino que ahora era sólo cosa de esperar y aprovecharla.  “La muerte de mi esposa me ayudó a darme cuenta de que la vida es muy corta para andar con una pena tan larga.  Lo mejor era disfrutar y durante ese año que le quedaba de vida, la acompañarla en ese peregrinaje al cielo”, rememora emocionado Segundo.

La situación no fue fácil.  “Por un lado debía tener la fortaleza suficiente para mantener a la familia unida, pero mi papá es una persona demasiado sensible y yo sé que ésto le afectó demasiado”, cuenta Jonathan.

 

Todo comenzó cuando Claudia fue al médico a que le extirparan un feo lunar que tenía en el brazo. Hicieron la biopsia y dijeron que era maligno, pero en esos tiempos, 16 años atrás, no habían las técnicas que hay ahora para tratar el cáncer, por lo que no le recomendaron nada.  Diez años después, detectó un ganglio inflamado en el cuello y nódulos en los senos.  Estaba claro, el cáncer del lunar del brazo provocó una metástasis por todo el cuerpo.  Si el cáncer hubiese sido tratado cuando se lo descubrieron, quizás se podría haber hecho algo más.  Pero las cartas ya estaban tiradas y el pronóstico era desolador.  Le quedaba sólo un año de vida.

 

Así fue que un día camino a la casa convulsiono, la metástasis ya estaba en partes importantes del cuerpo como pulmones y cerebro.  A las pocas semanas murió dejando un hijo, un viudo “y mil recuerdos imborrables”, dice Segundo bajando la mirada, donde en cinco segundos recorre los casi siete años que ha pasado desde la fecha en que murió Claudia.

 

 

 

Las mil y una historias

 

Segundo nos hace un recorrido por el mundo de la noche.  Sobre lugares imperdibles y a los que nunca tienen que ir.  Picadas para todo. Y donde ir a escuchar buen jazz, su pasión.

“Toca el saxo como pocas veces he escuchado, pero toca para él, cuando está en la casa.  Además, le recuerda a mi hermana que le encantaba que tocara el saxo”, dice Mónica Acuña mientras nos sirve otra cerveza y Segundo se encuentra en la caja.

 

Esta regordeta de pelo castaño desordenado es hermana de Claudia.  “Mi hermana se echa harto de menos.  Aunque todo ésto sucedió hace harto tiempo, igual todos los días me acuerdo de ella.  Era una gran mujer y una excelente esposa y madre, además que era muy trabajadora y logró tranquilizar al loco del Segundo”, recuerda Mónica.

 

Como buenos trabajadores nocturnos han visto cuanta cosa se puedan imaginar.  Asaltos y persecuciones, porque la gente se va sin pagar y sobre todo peleas.  “Ven un sábado a las tres de la mañana, más de alguna pelea vas a ver.  Desde los típicos borrachos que se ponen a pelear con el primer encontrón, hasta peleas de parejas por celos o anda saber tú por qué.  Esas con las mejores. Hace poco me vinieron a entrevistar de Contacto por la balacera del verano”, cuenta Segundo.

 

A la balacera que se refiere Segundo ocurrió justo afuera del pub El amor nunca muere.  Fernando, uno de los tantos cuidadores de autos fue a correr una moto para estacionar un auto en ese espacio. Cuando estaba haciendo ésto, salió de la nada un joven que se puso a discutir con Fernando, no encontrando nada mejor que dispararle a quemarropa.  “Cuando pasó, quedamos todos para adentro, Fernando tirado en el piso con la camisa en tinta, lleno de Carabineros y toda la gente yéndose por el miedo de la balacera, que en verdad fue “un” balazo.  Digo ésto porque me acuerdo que cuando ésto salió en las noticias del Chilevisión, hablaban de una balacera en la Plaza Ñuñoa y nunca fue así.  Fue sólo un disparo”, recuerda Jonathan.

 

Con todo lo que habló Segundo, se puede percibir algo de él: el pub es su ego.  Tiene la esencia de Segundo, su personalidad. Es un lugar romántico, ameno, de mesas redondas, especialmente para parejas que quieren salir a relajarse, tomarse un trago, escuchar buena música, conversar y encontrarse con la bohemia que se siente como late en las calles de Plaza Ñuñoa.

El pub es el refugio de Segundo.  Todos sus gustos y recuerdos están plasmados en las paredes del local y crean un ambiente placentero. La misma sensación que da conversar con Segundo.  Más que mal, este pub es la extensión de sus sentimientos.

 

 

Fuentes

 

Segundo Torres, administrador Pub de la Plaza. 94209816

Jonathan Torres, Mesero Pub de la Plaza

Monica Acuña, Mesera Pub de la Plaza

“Gato”,  vecino de la plaza y dueño de un carro con libros

 

Plaza Ñuñoa

•septiembre 5, 2008 • Dejar un comentario

Reportaje Plaza Ñuñoa (para bajar trabajo)

Vagabundos en Plaza Ñuñoa

No hay peor ciego que el no quiere ver

Hace 4 años que la Plaza Ñuñoa cobija en una de sus pérgolas a una pequeña población marginal de alrededor de diez personas, decadente, enferma, alcohólica y que vive en precarias condiciones. No existe ninguna ordenanza municipal para sacarlos de ahí y por otro lado la ley los ampara, por lo que Carabineros y Seguridad Ciudadana no pueden hacer nada.

¿Y la Municipalidad?

“Son unos verdaderos personajes. Viven alrededor de diez personas, pero siempre hay algunos que van y vienen o hay gente como la que veí ahora que son los locos que limpian vidrios en Macul con Irarrazabal. Vienen para acá a puro tomar y drogarse. Aparte de eso arman escándalos, gritan y mean en todas partes”, cuenta resignado el “Gato” que vive hace más de veinte años en el edificio que está frente a la pérgola y que tiene un puesto de libros, bufandas e inciensos a escasos metros de la pérgola.

Frente al bar El amor nunca muere, ubicado en la calle Humberto Trucco, existe una pérgola que hace cuatro años fue tomada por un grupo de indigentes. Juegan cartas, limpian y estacionan autos, toman, se drogan y orinan en ese mismo lugar molestando a los vecinos con los malos olores. Además le piden dinero a los transeúntes o a las personas que se encuentran sentados en las mesas de Plaza Ñuñoa. “Pasan molestando.

Ahora que estamos en invierno no tanto porque no ponemos mesas afuera, pero ven a sentarte en primavera o verano, llegan a molestar todo el rato”, dice Segundo Torres, administrador del Pub de la Plaza y El amor nunca muere. “A veces se ponen insistentes y choros para pedir, pero falta que salte uno más choro que ellos para que se vayan, como le paso al Fernando en Noviembre del año pasado cuando quedó la mansa cagá”, cuenta entre risas Segundo.

Nueve dedos y un pulmón y medio

La Plaza Ñunoa posee características que facilitan la permanencia de los vagabundos en el lugar, como es esta pérgola ubicada en sector sur de ella. Partieron en los baños al fondo de la plaza y de a poco se la han ido tomando hasta llegar a la pérgola donde tienen frazadas, colchones y lo que más llama la atención es que tienen acceso a electricidad ya que este lugar cuenta con enchufes por lo que tienen hervidores eléctricos y una tele. “Nosotros usamos esa misma electricidad para alumbrar los puestos en la noche y hay veces que los locos nos cortan la luz para poner la tele y ahí voy y les paro los carro. Menos mal a mi me respetan”, cuenta el “Gato”.

El hecho de que Plaza Ñuñoa sea un barrio bohemio, provoca en primer lugar que siempre haya un gran tránsito de gente, a quienes estos personajes les estacionan los autos, les ofrecen lavarlos y les piden plata, y segundo que tengan mayor libertad de tomar en la vía publica. Por otro lado la permanencia de esta gente vagante está directamente vinculada por la ayuda que reciben de las personas que pertenecen a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen que les dan alimentos, ropas y colchones. “Aunque es mala la metáfora es para que entiendan la situación: cuando uno le da comida y abrigo a un perro se va quedando hasta que llega un momento que es imposible sacarlo. Aquí pasa lo mismo con estas personas”, comenta Julio Trujillo, jefe de turno de la central de Seguridad Ciudadana de la Municipalidad de Ñuñoa.

Es precisamente con esas características que les brinda el barrio que los vagos crean estrategias de supervivencia, estableciendo relaciones sociales de cooperación o de rivalidad entre ellos. Además, tienen un buen manejo del barrio y bienes, lo que finalmente les permite asegurar su alimentación en este lugar.

La plaza ha estado en manos de 2 personas: el Mono y ahora de Fernando.

La historia del Mono no es nueva. Su adicción al alcohol y las drogas lo llevaron a vivir en la calle, siendo de los primeros que llegaron a la pérgola. “Hace como cuatro meses que al Mono se lo llevaron. Se estaba muriendo. Lo vinieron a buscar unos familiares y se lo llevaron. Así lo tenía la droga, moribundo”, reflexiona Segundo.

Con la salida del Mono, la pérgola y Plaza Ñuñoa quedó en manos del Fernando quien pasó a tomar el mando.

Este personaje de mediana estatura, ojos amarillentos, manos gastadas y de nueve dedos vive y trabaja en la plaza hace 2 años. En noviembre del año pasado, como contaba Segundo, Fernando se encontraba como todas las noches estacionando autos en las veredas de la plaza. “Quise poner un auto entre esos dos árboles pero había una moto. La estaba moviendo cuando en eso llega un pelao alto que debe haber pensado que me la estaba pelando, me saca una pistola y me dispara el loco. Ahora tengo pulmón y medio, si el derecho lo tengo hecho tira”, explica riéndose Fernando.

Un mal ejemplo

La percepción de la plaza como un espacio abierto, seguro, donde la gente se conocía y establecían relaciones sociales más cercanas se ha ido perdiendo producto del constante tránsito de gente extraña que atraen los vagabundos, como son punks y escolares que vienen a comprar drogas. “Pasa piola la droga acá en la plaza, pero se mueve caleta, el mismo Fernando se pega piques a la Santa Julia y le trae a los cabros chicos”, dice Segundo.

Tomás Ruiz, estudiante de educación física en práctica en el colegio de Republica de Costa Rica y vecino de la Plaza Ñuñoa dice que esta gente es un mal ejemplo para todos los escolares, sobre todo para los más pequeños que están recién en formación. Otro tema es que en Irarrazaval 3787, casi llegando a Santa Julia, se encuentran unos locales en abandono, los cuales tienen un cartel grande con una leyenda que dice: “casas sin gente y gente sin casas. Okupa resiste” y que fueron tomados por unos punks okupa que se van a tomar y a fumar marihuana a la pérgola con estos vagabundos.

“Las clases las hacemos en la plaza. Tengo dos quintos básicos y los hacemos jugar y trotar en los alrededores de la plaza, entonces que esta gente se este drogando y haciendo sus necesidades en los árboles es un muy mal ejemplo para ellos, pero como dentro del colegio no hay espacio, no tenemos otra opción”, explica. “Aparte ni Seguridad Ciudadana ni Carabineros hace algo al respecto”, agrega.

Se pasan la pelota

Pero es poco lo que ellos pueden hacer. No existe una ley que prohíba la indigencia ni pedir limosnas “y hace tiempo que se acabó la detención por sospecha entonces no los podemos llevar porque si”, dice Daniela. Además hay algunos vagabundos que tienen enfermedades mentales por lo que la ley los ampara, como dice el artículo 10° del Código Penal, donde al loco o demente, a no ser que haya obrado en un intervalo lúcido, y el que, por cualquier causa independiente de su voluntad se halla privado totalmente de razón, se eximen de responsabilidad criminal. “Es poco lo que podemos hacer con ellos si es que no hay nadie que se haga cargo. A veces los vecinos nos llaman que se están peleando los vagos, vamos al lugar, tomamos detenidos, pero ellos al no tener hogar y al no haber cometido faltas graves son puestos de nuevo en libertad y obviamente vuelven a las calles que es su hogar”, analiza Daniela.

“A veces vamos a la pérgola, la vemos sin gente y presumimos que está en abandono y retiramos las cosas, pero eso es sólo una solución momentánea ya que en la noche ya están de vuelta”, cuenta Julio.

No existe ninguna ordenanza municipal para sacarlos de ahí y al parecer es poco lo que la municipalidad hace al respecto por lo que cuentan los vecinos: “imagínate que ahí esta el alcalde y a sus faldas están estos vagabundos y nadie los puede echar. Me parece sorprendente”, dice el “Gato.

Pero al hablar con gente de la municipalidad ellos no lo ven como un problema real, dicen que son un par de vagabundos y que no duermen en las pérgolas, sólo lavan y estacionan autos. “Son unos 3 que ya están casi mimetizados en el barrio. Llevan tiempo ahí y les hemos ofrecido trabajos o llevarlos al Hogar de Cristo, pero ellos no acceden, entonces ante eso ¿qué podemos hacer?”, explica Agustín Soto, jefe de emergencia zona oriente Municipalidad de Ñuñoa.

Este es un problema real y cada día se ven más personas, en su mayoría jóvenes, consumiendo alcohol y drogas a vista y paciencia de todo el mundo dando rienda suelta a su vagancia sin que nadie haga nada. Poco puede hacer Carabineros y Seguridad Ciudada. ¿Y la Municipalidad? No lo considera un problema como dijo anteriormente Agustin Soto.

“No hay peor ciego que el que no quiera ver”, remata el “Gato”

Fuentes:

  • Segundo Torres, administrador Pub de la Plaza y El amor nunca muere 94209816

  • Daniela Muñoz, Subteniente y Oficial de guardia de la 18° comisaría de Nuñoa. 9222660

  • Tomas Ruiz, estudiante en practica en el colegio Republica de Costa Rica 76496606

  • Julio Trujillo, jefe de turno central de Seguridad Ciudadana 2533322

  • Agustin Soto, jefe de emergencia zona oriente Municipalidad de Nuñoa 2533017

  • “Gato”, vecino de la plaza y dueño de un carro con libros

  • Fernando, duerme y limpia autos en la plaza